Los hábitos alimentarios son actos aprendidos por el ser humano como parte de su cultura y se convierten en patrones o rutinas de conducta que se refuerzan con la repetición. Los valores, las actitudes y las creencias culturalmente determinadas forman el marco en el cual una persona desarrolla sus hábitos de alimentación. Es muy importante saber que los hábitos alimentarios, las actitudes, preferencias y rechazo hacia los alimentos, así como los conocimientos en nutrición de una familia, determinarán las conductas alimentarias de los hijos.1

La incidencia de obesidad ha incrementado considerablemente tanto en adultos como en niños en los últimos años. Según la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 20062, la prevalencia nacional combinada de sobrepeso y obesidad en niños de 5 a 11 años, utilizando los criterios de la IOTF, fue de alrededor de 26%. Entre 1999 y 2006, la prevalencia combinada de sobrepeso y obesidad en ambos sexos ha aumentado tres veces, por lo que estos resultados señalan la urgencia de aplicar medidas inmediatas en la prevención de obesidad en los escolares.

Prevenir la obesidad en niños requiere de intervenciones tempranas, antes de que exista la presencia de esta condición y de otras complicaciones, como hipertensión, diabetes mellitus, hipercolesterolemia e hipertrigliceridemia, y otros trastornos como depresión, ansiedad, baja autoestima y desordenes en la conducta alimentaria. Uno de los factores importantes en el desarrollo de este problema son los patrones de alimentación, las preferencias por ciertos alimentos que se consumen desde edades tempranas y se continúan hasta la adultez. Una estrategia es la prevención  orientada al trabajo con los padres, ya que son ellos la clave para influir en el ambiente social y biológico de la alimentación.3  

La familia juega un rol muy importante en el desarrollo de las conductas, es la principal educadora de los niños en todos los aspectos, y es dónde se edifican la personalidad, las buenas costumbres y los buenos hábitos de alimentación.  Los padres tienen la posibilidad de crear un ambiente que fomente en sus hijos un desarrollo saludable en el peso y en sus hábitos alimentarios, o por el otro lado pueden promover ambientes obesogénicos, como la ganancia excesiva de peso y el consumo de ciertos alimentos de alta densidad energética.4

Preferencias y gustos

 

En los recién nacidos, existe una preferencia innata y una predisposición genética por los sabores dulces y salados, y rechazo por los sabores amargos y ácidos. En el caso de los sabores dulces se han descrito dos genes que influencian la preferencia por estos sabores, estudios mencionan que el 70% de la población tienen esta predisposición.5,3

Es importante recordar que el sabor de los alimentos es sólo un factor que determina su consumo, ya que existe una combinación de otros aspectos como la apariencia y el olor, para determinar preferencias. De igual forma, estas preferencias innatas, son modificadas por aprendizajes, experiencias y por la cultura alimentaria de una familia, lo que con el tiempo determinará gustos, permitiendo a los niños entender cuándo, qué y cuánto deben comer. Los niños asocian rápidamente los sabores de ciertos alimentos con situaciones o consecuencias psicológicas y sociales relacionadas con la comida, este aprendizaje podría influir posteriormente en la vida adulta, con algunas actitudes de rechazo o gusto por ciertas comidas.

Influencia de los padres en la alimentación

El estado nutricio está determinado por factores económicos, sociales y culturales y por la disponibilidad, el acceso, el consumo y el aprovechamiento biológico de los alimentos. Un factor de suma importancia son los hábitos y las costumbres alimentarias, las cuáles se ven influenciadas por el ambiente dónde el niño se desarrolla.1 Durante los primeros años de vida, los padres juegan un papel muy importante en la alimentación de los niños, existen diversas variables que influyen en la alimentación y la formación de hábitos, que impactan directamente en el desarrollo físico y en una  ganancia de peso adecuada.4

Diversos estudios han demostrado que la mayoría de los padres no son capaces de reconocer cuándo sus hijos presentan algún problema de sobrepeso u obesidad, aun cuando están conscientes de la importancia de una buena nutrición y de realizar actividad física, sin embargo, expertos indican que las prácticas que ellos consideran saludables no están enfocadas correctamente a la prevención de sobrepeso y obesidad.6

Existen actitudes hacia la alimentación por parte de los padres que afectan indirectamente las preferencias, los gustos y el consumo de alimentos en los hijos.  La composición de la dieta, los gustos y preferencias, dependen en gran medida de la disponibilidad de ciertos alimentos en casa. La práctica de actividad física, estará determinada si en familia se realiza rutinariamente y si los padres motivan y son ejemplo para sus hijos.7

Control alimentario de los padres

Se han descrito dos tipos de control alimentario que utilizan los padres con sus hijos para mejorar su alimentación, la restricción de “comida chatarra” y la presión por el consumo de alimentos saludables cómo verduras y frutas. Sin embargo, estas técnicas generalmente tienen resultados fallidos, ya que los niños no desarrollan la habilidad de regular sensaciones como apetito y saciedad, comen sin tener hambre y como consecuencia hay una mayor ganancia de peso. Existen estudios que demuestran que los niños que son presionados para consumir alimentos como verduras y frutas, reducen la habilidad para regular su consumo de energía y presentan mayor rechazo para consumirlas a lo largo de su vida, ya que no se les permitió elegir y probar una diversidad de alimentos, únicamente se consumieron debido a una imposición.

Otra técnica que podría ser desfavorable, es asociar los alimentos con situaciones positivas o negativas, es decir, premiar con alimentos como postres y golosinas, si un niño realiza o tiene un comportamiento adecuado, o si se consumieron otros alimentos como verduras y frutas o algún alimento que no le guste. 4

Restringir el consumo de alimentos e imponer otros, limita la elección y aceptación de los niños a una variedad de estos, lo que a futuro no permitiría que elijan adecuadamente y no identifiquen sus gustos.

La influencia de las madres es muy importante, ya que en esta etapa son ellas quienes deciden regularmente los alimentos que se compran y preparan.1 Las madres que enfocan demasiada atención al control del consumo alimentario de sus hijos, no permiten que regulen su consumo de energía, esto se asociaría a una sobrealimentación y ganancia excesiva de peso en edades tempranas. 4 Birch, et al. (2000) afirman que las madres reportan mayor restricción en las practicas alimentarias  en sus hijos cuándo ellas  tienen algún problema de sobrepeso u obesidad, y mayor presión en el consumo de alimentos saludables cuándo las mamás  presentan bajo peso, sin embargo, estas percepciones no siempre son objetivas y podrían determinar practicas alimentarias inadecuadas en sus hijos.8 Para prevenir el problema de obesidad infantil, es necesario tomar en cuenta que los niños se encuentran en un periodo de crecimiento, por lo que una restricción severa en el consumo de energía en la dieta, podría ocasionar un déficit en el crecimiento.

Estrategias para la formación de hábitos alimentarios

La formación de hábitos alimentarios correctos como labor de los padres, no es tarea fácil, es necesario crear un ambiente que refuerce los aprendizajes y las practicas saludables y no sólo  proporcionar información con recomendaciones  a los padres, sino que estén convencidos de llevar a cabo prácticas alimentarias dirigidas a la prevención de sobrepeso y obesidad.

Es muy importante que los padres, para mejorar los hábitos de alimentación de sus hijos, no los obliguen a comer ciertos alimentos restringiendo otros, o que utilicen qué y cuánto comen sus hijos como un motivo para ser premiados.9

Existen diferentes formas en que los padres como modelos de alimentación, pueden enseñarle a sus hijos desde edades tempranas conductas de alimentación saludable, cuidando los alimentos que están disponibles en casa, respetando gustos y preferencias, evitando alimentos ricos en azúcar o grasas, cuidando las cantidades que comen y no hablando de alimentos “malos” o “buenos”.10 En edades posteriores, específicamente en la adolescencia, es importante que los padres conozcan esta necesidad que sus hijos tienen de verificar todo lo que les han enseñado: no quieren rechazar en un principio la educación recibida, sino que necesitan elegir personalmente asumir, rechazar o modificar lo que hasta ahora han aprendido, como parte de su propia identidad 11 ,es por eso la importancia de una formación adecuada desde pequeños.

Las estrategias para mejorar la alimentación y el estado de nutrición en los hijos, deben estar dirigidas a los padres de familia y serán ellos quienes involucren a sus hijos en el ambiente familiar.4

Elección y establecimiento de horarios de comidas

Proveer y tener disponible en casa alimentos con un adecuado aporte nutrimental

Presentar porciones adecuadas para niños

Conocer a sus hijos, para no sobrealimentar, no forzarlos a comer si no tienen hambre

Presentar los alimentos y permitir que elijan cuánto comer, con el objetivo de estimular el control de apetito y saciedad. Los padres son responsables únicamente de cuándo y dónde deben comer alimentos sus hijos.

Cuidar el consumo de alimentos con azúcares añadidos como jugos, refrescos o golosinas

Realizar la mayoría de las comidas en familia

Limitar a 2 horas máximo al día el uso de televisión y videojuegos. Evitar su uso durante la comida.

El uso de endulzantes sin calorías como la Sucralosa (SPLENDA®), es una estrategia efectiva para endulzar las bebidas o los alimentos y así satisfacer la búsqueda innata de sabores dulces en los niños, sin que exista una restricción, ya que no aporta calorías, su consumo es seguro, no tiene efectos secundarios y no se absorbe en el tracto gastrointestinal.

 

 

Bibliografía

1.   Restrepo SL, Maya M. (2005). La familia y su papel en la formación de los hábitos alimentarios en el escolar. Un acercamiento a la cotidianidad. Boletín Antropología 19(36):127-148.

2.   Olaiz G, Rivera J, Shamah-Levy T, Rojas R, Villalpando S, Hernández M, Sepúlveda J. (2006). Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2006. Cuernavaca, México: Instituto Nacional de Salud Pública.

3.  Benton D. (2004). Role of parents in the determination of the food preferences of children and the development of obesity. Int J Obesity 28:858-869.

4.   Scaglioni S, Salvioni M, Galimberri C. (2008). Influence of parental attitudes in the development of children eating behavior. British J Nutr 99(1):S22-S25.

5.    Anliker JA, Bartoshuk L, Ferris AM, hooks Ld. (1991). Children’s food preferences and genetic sensitivity to the bitter taste of 6-n-propylthioouracil (Prop.). Am J Clin Nutr 54:316-320.

6.    Ward D, Vaughn A, Bangdiwala K, Campbell M, Jones D, Panter A, Stevens J. (2011). Integrating a family-focused approach into child obesity prevention: Rationale and design for the My Parenting SOS study randomized control trial. BMC Public Health 11:431.

  1. Wardle J. (1995). Parental Influences on children´s diets. Proced Nutr Soc 54:747-758.

8.    

Birch LL, Fisher JO. (2000). Mothers’ child-feeding practices influence daughters’ eating and weight. AM J Clin Nutr 71:1054-1061.

  1. Forthun L. (2008). Family Nutrition: Parenting and family life. Original publication 1-16, http://edis.ifas.ufl.edu
  2. BAM – Body and Mind (Centers for Disease Control and Prevention)
    Resources for 9-13 year olds, to help them make healthy choices. http://www.presidentschallenge.org/

11.Asosciación Española de Pediatría de Atención Primaria, AEPAP (2004). Consultado en: http://www.aepap.org/

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